Atrapado en el pasado. Se acabó la buena vida

Un consentido, desconsiderado y juerguista niño rico, sabe que su padre va a librarlo de cárceles, multas y cualquier otro lío en el que se meta. Lo que no sabe es que su padre ya está muy harto del comportamiento de su hijo y que ha encontrado una imaginativa manera de devolverlo al redil: mandarlo como siervo al verano de 1860, seis meses antes de que se aboliera la servidumbre en el Imperio ruso. A partir de ahí, se suceden toda una serie de divertidas situaciones y equívocos, tanto por parte de Grisha, intentando aceptar que es un siervo sin ningún tipo de derechos, como por los actores, guionistas y demás personas encargadas de recrear para el joven la dura Rusia del siglo XIX.

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