En el nombre del patrimonio

En marzo de 2001, las milenarias estatuas de los Budas de Bamiyán desaparecieron en un instante. Poco después, el ISIS continuó esta senda de destrucción. Con los grupos islamistas en el Sahel, y luego el Estado Islámico en Irak y Siria, el patrimonio mundial ha pagado un alto precio. Los sitios antiguos de Palmira y Hatra, los museos de Mosul y Raqa y varios monumentos religiosos se han visto reducidos a escombros. Desde 2016, estos actos han sido reconocidos como crímenes de guerra por la Corte Penal Internacional. Bajo la bandera de la UNESCO y la ALIPH, la comunidad internacional intenta restaurar y reconstruir estos testigos del tiempo y las civilizaciones pasadas.

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